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jueves, 10 de septiembre de 2009

La gracia de Dios y el absurdo

Ay. La gracia divina. Ay. Es curioso lo de la gracia de Dios. No soy experta en el tema, claro, y como no me apetece hacer una búsqueda en plan exhaustivo, he mirado en Wikipedia, et voilà:

En teología cristiana se entiende por gracia divina o gracia santificante a un favor o don gratuito concedido por Dios para ayudar al hombre a cumplir los mandamientos, salvarse o ser santo o el acto de amor unilateral e inmerecido por el que Dios llama continuamente las almas hacia Sí.

Precisamente en Wikipedia, se hace un viaje a través del significado histórico del término (que si en el Antiguo Testamento, que si en el Nuevo, San Agustín dice, la Escolástica se refiere, hasta nuestros días en los que se mencionan los dictámenes del catecismo católico actual al respecto)... Todo relativo al alma y el alma sólo es de Dios. Pero no se hace mención al desplazamiento del significado de la expresión que aclare el porqué de que la misma gracia de Dios pasara a "secularizarse" para ser el factor que diera derecho al primum inter pares a ser rey por encima de los otros. Digamos que Dios (su gracia), tenía una especie de capacidad homologante para la cosa del poder temporal y daba garantía y capacidad para hacer el bien (¡¡Sapristi!!), etc, etc. Igual por esa dimensión temporal de la gracia los monasterios -cuyos abades, priores, frailecillos tenían trato directo con el altísimo- acumulaban tierras y más tierras, coronas votivas, joyas, siervos (esclavos), diezmos y organizaban ejércitos para ir a Tierra Santa a luchar por el santo grial (¡¡Sapristi!! again) y, claro está, administraban los sacramentos... Y los reyes guerreaban y bebían en sus copas de oro y sus ejércitos practicaban el saqueo y también tenían esclavos a su servicio, derecho de pernada. Vamos: un chollo lo de la gracia divina, mireusté. Y un chollo de larga duración, por cierto.
Entre otras cosas, la gracia de Dios daba también potestad para tener ceca propia y acuñar moneda, porque si tus huestes habían rapiñado mucho -que para el saqueo también había que ser gracioso- los esclavos mineros de las minas de tu reino habían extraído bastantes metales preciosos, y habías hecho caja entre los habitantes de los territorios que protegías (¡¡Requetesapristi!!), resulta que Dios te había concedido gracia a raudales. Te hacías tus propias monedillas con tu perfil augusto para que la gracia tuya llegara también a tus súbditos (a los agraciados), que andaban en lo del trueque. En fin.

También está la facultad de hacer milagros, que Dios ha concedido a seres beatíficos que luego la Iglesia nombra santos y, además, la mano divina se ha prodigado por aquí y por allá revelando sus designios inescrutables a los profetas, seres elegidos y graciosos a más no poder.

Leo en El País que un pastor boliviano (religioso) ha tenido una revelación divina y, por esa razón, decide secuestrar un avión mexicano con 104 pasajeros que pensaba utilizar como rehenes para conseguir hablar con el presidente Calderón. Su amenaza consistía en unas latas de refresco que él decía llenas de explosivo aunque eran simples latas de refresco llenas de tierra y con unas lucecitas que él había pegado. Su idea era informarle (al presidente Calderón) de que Dios le había revelado que se avecinaba un terrible terremoto. El pastor José Flores Pereira, que ése es su nombre, parece que cuenta con un historial delictivo en su país de origen por atraco a mano armada y, también, que le tiene tanta afición al alcohol y a las drogas como al deleite místico. La gracia de Dios, generosa, extensa.


Y hablando del absurdo, resulta que se han hecho públicos los resultados de una encuesta en internet sobre las diez declaraciones más absurdas. Bush aparece en dos de los diez primeros puestos y el tercero lo ostenta, con honor, El señor Rumsfeld, que me ha hecho recordar a otro señor muy feo (you know now?) como en versión original y sin complejos.