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viernes, 15 de enero de 2010

Haiti y la cólera de Dios

Es terrible su historia: colonizado a la fuerza y exterminada su población autóctona, escenario durante siglos de luchas entre las metrópolis colonizadoras sucesivas, entre los criollos blancos y las diferentes metrópolis, con una fuerza de trabajo constituida por esclavos que, en estos tumultos continuados, acaban por constituirse como fuerza. Fuerza, en el puro sentido sentido de la palabra fuerza, que, por una simple cuestión de número, acaba expulsando a los blancos y aboliendo la esclavitud a principios del siglo XIX. No fue la cosa más próspera desde entonces: los líderes sucesivos se dedicaron a guerrear por el poder y, una vez conseguido éste, a instaurarse como emperadores o como reyes con una única voluntad recaudatoria perpetuadora de su estirpe y sin ninguna preocupación por el progreso social; así, se reemplazó la economía agraria de las plantaciones por una agricultura de subsistencia (insuficiente a todas luces). Y ahora el terremoto.

Qué mundo este en el que vivo. Oigo por la radio que, en diversas webs abiertas para recaudar fondos para ayudar a la población haitiana, hay virus para estafar dinero a las personas generosas que colaboran y es para vomitar. También, en Las Penas del Agente Smith, he visto esto otro:



Kristie, la presentadora, cuando Robertson termina, mira a cámara en plan oh, sí, oh, sí, por favor. Repugnante.

martes, 24 de noviembre de 2009

A Dios rogando y con el mazo dando (o como insertar la doctrina en los genes)

Hay un librito de Georges Duby, Guerreros y Campesinos, ed. Siglo XXI, (se lo recomiendo, lector o lectora porque, además, es muy ameno)  que cuenta desde el punto de vista de la economía la historia europea desde 500 a 1200. Nos habla de un mundo salvaje del que han desaparecido la mayor parte de los elementos culturales, económicos y productivos de la romanización; las sucesivas oleadas de invasiones provinientes del norte, de aún más al norte, del este, de aún más al este no dejaron títere con cabeza y arrasaron, como el caballo de Atila, con lo que había. Se puede hablar, incluso, de un retroceso y, como voy a hablar de metales y tesoros, baste decir que prácticamente desaparecieron del suelo civil europeo las herrerías, por lo que la posesión de objetos metálicos -que si se averiaban era muy complicado reparar) se conviertió en la posesión de algo extremedamente valioso.

El arado de vertedera (o arado romano), de pesado hierro que removía satisfactoriamente la tierra y mejoró mucho el rendimiento de las cosechas, entró, por ejemplo y por esta razón en desuso siendo reemplazado por palitos cavadores que eran instrumentos casi inútiles para las tareas agrícolas: las cosechas eran insuficientes.

Nos encontramos en una época en la que, prácticamente, no hay transacciones económicas y el cambio de manos de las cosas depende del saqueo (de ladrones, de bandas organizadas o de soldados) o del regalo (la oblación, la ofrenda). Dice Duby sobre la ofrenda que: "... destruye en parte los frutos del trabajo pero asegura a los hombres ventajas que ellos consideran decisivas: el favor de las fuerzas oscuras que rigen el universo".

Los europeos de entonces eran fervientes animistas (adoraban a los árboles, al trueno, a los espíritus de los arroyos y cosas así), y eran enterrados en los bosques acompañados de los objetos de su vida y, entre ellos, los metálicos de su ajuar: pobres fíbulas, hebillas, cuchillo... que les serían necesarios en su vida de ultratumba que, si era plácida, ahorraría a los deudos supervivientes los problemas de apariciones indeseables. Así había cementerios un poco al estilo de estos indios que hemos visto tantas veces en los westerns y han dejado en nuestra memoria como rastro esos terroríficos bosques encantados de tantos cuentos.

El concilio de Leptines, celebrado en la Galia Franca en 743, recomienda combatir enérgicamente estos cultos paganos; en el sXI el obispo Burcardo de Worms denuncia la supervivencia de estos cultos desaconsejados que incluían ofrendas imposibles (para unos pueblos pobrísimos), sacrificios de animales e incluso sacrificios humanos probados por excavaciones. Recordemos que se trataba de apaciguar a las fuerzas ocultas, evitar a los aparecidos, reconciliarse con el devastador espírutu del hielo o hacer una magia propiciatoria para sanar al enfermo...

Siglos de evangelización cristiana tuvieron como premisa el apartar a las gentes de estas primitivas costumbres: Sólo hay un Dios y nosotros somos sus representantes en la Tierra, nosotros tenemos el monopolio, nosotros distribuimos la gracia. Y enterramos a los muertos y somos los mediadores para conseguir la vida eterna en el cielo y ten por seguro que si te entierran en el bosque arderás para siempre en el infierno. Venid a nosotros y traed a la iglesia vuestras ofrendas y, a cambio, os conseguiremos el paraíso. Cristo sanaba a los enfermos: dadnos vuestros tesoros y rezaremos para que recuperéis la salud.


Dice de nuevo Duby: "La tesaurización que antes se realizaba en las sepulturas se desplazó hacia los santuarios del cristianimo; grandes y humildes depositaban en ellos sus riquezas consagradas".

Esta práctica, con peso y significado desplazado, continúa a día de hoy en que vemos vírgenes en procesión adornadas por joyas y riquezas inverosímiles, tesoros en la sacristía, custodias cuajadas de piedras preciosas, casullas bordadas con oro, exvotos... y la contribución de los españoles vía IRPF o vía patanegra mediante concordato caducado, ah se siente. No vaya a ser que Dios se nos enfade y Rouco nos lance un rayo.

Y hablando de Rouco, dice éste que la religión es una enseñanza discriminada en España. Yo creo que, realmente, la religión y sus ministros son muy, muy, muy peligrosos (y caros).

jueves, 12 de noviembre de 2009

Los tiempos están cambiando ¿o no?

Miro por wikipedia y busco el significado -por lo de no marrar- de algunos términos teológicos: Anatema, herejía, dogma, excomunión.

Anatema: significa etimológicamente ofrenda pero su uso principal equivale a maldición en el sentido de condena a ser apartado o separado, cortado, como se amputa un miembro (grrr), de una comunidad de creyentes. Dice también wikipedia que era una sentencia mediante la cual se expulsaba a un hereje del seno de la sociedad religiosa siendo una pena aún más grave que la de excomunión.

Herejía, también según wikipedia, y para el cristianismo, es una opinión o doctrina erróneea y opuesta a la la verdad de la ortodoxia dogmática.

Dogma: doctrina sostenida por una religión -u organización de autoridad- que no admite réplicas. Así, se basa en una creencia no sujeta a pruebas de veracidad.

Por cierto que, habiendo querido transcribir de manera bastante fideligna los significados de estos términos según wikipedia, me voy a atrever a hacer una pequeña digresión ahora y sobre el significado de un término derivado de dogma, precisamente; se trata de la palabra dogmático y tenemos las claras acepciones de relativo a los dogmas y similares y, además, se dice de todo aquello que se plantea de manera acrítica y conformista siendo contrario a cualquier forma de pensamiento analítico científico.

Excomunión es la expulsión permanente o temporal de una persona de una confesión religiosa.

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La existencia de distintas corrientes e interpretaciones de la doctrina cristiana ha sido bastante habitual en la historia de la iglesia católica desde, prácticamente, sus orígenes. Los concilios de Nicea (325) o Tesalónica (380) son prueba de ello. Y, también, es un hecho histórico el incremento de la fuerza de su poder temporal que se manifestó definitivamente con el debut de la Santa Inquisición en 1200. Desde entonces el castigo a los pecadores recalcitrantes ya no solo consistiría en el fuego eterno del infierno tras la muerte, sino que podria tener como anticipo la sentencia de la muerte misma precedida además de grandes tormentos... y sin control alguno por parte de los reinos de este mundo. Recordemos que Miguel Servet fue reconocido mientras viajaba rumbo a Italia, apresado en Suiza y juzgado allí por herejía y condenado a morir; he aquí la sentencia condenatoria:

Contra Miguel Servet del Reino de Aragón, en España: Porque su libro llama a la Trinidad demonio y monstruo de tres cabezas; porque contraría a las Escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo de David; y por decir que el bautismo de los pequeños infantes es una obra de la brujería, y por muchos otros puntos y artículos y execrables blasfemias con las que el libro está así dirigido contra Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir y defraudar a los pobres ignorantes.


Por estas y otras razones te condenamos, M. Servet, a que te aten y lleven al lugar de Champel, que allí te sujeten a una estaca y te quemen vivo, junto a tu libro manuscrito e impreso, hasta que tu cuerpo quede reducido a cenizas, y así termines tus días para que quedes como ejemplo para otros que quieran cometer lo mismo.

El papado era la teocracia, la representación en la tierra del reino de Dios y sus sacerdotes, brazo ejecutor propiamente dicho, los ministros.

Incluso, y pese a los severos castigos inquisitoriales impuestos que, como es sabido, consistían con frecuencia en torturar y quemar vivos a los herejes, disolutos, diferentes... las herejías continuaron floreciendo prácticamente durante toda la historia de la iglesia. Y muy especialmente en la Edad Media, y tenemos así a los priscialinistas, las revueltas de la pataria -realizadas fundamentalmente como oposición contra el clero corrupto-, el donatismo, el pelagianismo, el adopcionismo, el arrianismo, a los cátaros y a los albigenses, el wyclifismo, el husismo... la lista es larga y, los castigos aplicados a los herejes siempre fueron radicales y habitualmente contrarios al quinto mandamiento (será porque el alma sólo es de Dios).

Con suerte, la excomunión o el más duro anatema, eran las más leves de las penas aplicadas probablemente a disolutos como de más relieve Lutero, Calvino, Cervantes -excomulgado en 1587- , Enrique VIII...

En fin, visto lo visto, hemos de afirmar que la tierra es plana, por supuesto y, como todos sabemos, el Sol gira a su alrededor desde que Dios creó el mundo en seis días empleando el séptimo en el descanso... y si no que le pregunten a Galileo Galilei.

Hablando de otra cosa ¿o no? nos hemos desayunado con que el representante de los obispos, Martínez Camino, declara herejía el voto a la ley del aborto y, además, amenaza excomulgar a los diputados que la voten positivamente.

Pues eso: ni subimos ni bajamos.

jueves, 10 de septiembre de 2009

La gracia de Dios y el absurdo

Ay. La gracia divina. Ay. Es curioso lo de la gracia de Dios. No soy experta en el tema, claro, y como no me apetece hacer una búsqueda en plan exhaustivo, he mirado en Wikipedia, et voilà:

En teología cristiana se entiende por gracia divina o gracia santificante a un favor o don gratuito concedido por Dios para ayudar al hombre a cumplir los mandamientos, salvarse o ser santo o el acto de amor unilateral e inmerecido por el que Dios llama continuamente las almas hacia Sí.

Precisamente en Wikipedia, se hace un viaje a través del significado histórico del término (que si en el Antiguo Testamento, que si en el Nuevo, San Agustín dice, la Escolástica se refiere, hasta nuestros días en los que se mencionan los dictámenes del catecismo católico actual al respecto)... Todo relativo al alma y el alma sólo es de Dios. Pero no se hace mención al desplazamiento del significado de la expresión que aclare el porqué de que la misma gracia de Dios pasara a "secularizarse" para ser el factor que diera derecho al primum inter pares a ser rey por encima de los otros. Digamos que Dios (su gracia), tenía una especie de capacidad homologante para la cosa del poder temporal y daba garantía y capacidad para hacer el bien (¡¡Sapristi!!), etc, etc. Igual por esa dimensión temporal de la gracia los monasterios -cuyos abades, priores, frailecillos tenían trato directo con el altísimo- acumulaban tierras y más tierras, coronas votivas, joyas, siervos (esclavos), diezmos y organizaban ejércitos para ir a Tierra Santa a luchar por el santo grial (¡¡Sapristi!! again) y, claro está, administraban los sacramentos... Y los reyes guerreaban y bebían en sus copas de oro y sus ejércitos practicaban el saqueo y también tenían esclavos a su servicio, derecho de pernada. Vamos: un chollo lo de la gracia divina, mireusté. Y un chollo de larga duración, por cierto.
Entre otras cosas, la gracia de Dios daba también potestad para tener ceca propia y acuñar moneda, porque si tus huestes habían rapiñado mucho -que para el saqueo también había que ser gracioso- los esclavos mineros de las minas de tu reino habían extraído bastantes metales preciosos, y habías hecho caja entre los habitantes de los territorios que protegías (¡¡Requetesapristi!!), resulta que Dios te había concedido gracia a raudales. Te hacías tus propias monedillas con tu perfil augusto para que la gracia tuya llegara también a tus súbditos (a los agraciados), que andaban en lo del trueque. En fin.

También está la facultad de hacer milagros, que Dios ha concedido a seres beatíficos que luego la Iglesia nombra santos y, además, la mano divina se ha prodigado por aquí y por allá revelando sus designios inescrutables a los profetas, seres elegidos y graciosos a más no poder.

Leo en El País que un pastor boliviano (religioso) ha tenido una revelación divina y, por esa razón, decide secuestrar un avión mexicano con 104 pasajeros que pensaba utilizar como rehenes para conseguir hablar con el presidente Calderón. Su amenaza consistía en unas latas de refresco que él decía llenas de explosivo aunque eran simples latas de refresco llenas de tierra y con unas lucecitas que él había pegado. Su idea era informarle (al presidente Calderón) de que Dios le había revelado que se avecinaba un terrible terremoto. El pastor José Flores Pereira, que ése es su nombre, parece que cuenta con un historial delictivo en su país de origen por atraco a mano armada y, también, que le tiene tanta afición al alcohol y a las drogas como al deleite místico. La gracia de Dios, generosa, extensa.


Y hablando del absurdo, resulta que se han hecho públicos los resultados de una encuesta en internet sobre las diez declaraciones más absurdas. Bush aparece en dos de los diez primeros puestos y el tercero lo ostenta, con honor, El señor Rumsfeld, que me ha hecho recordar a otro señor muy feo (you know now?) como en versión original y sin complejos.