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martes, 4 de octubre de 2011

Lecciones de interpretancia

Me llama la atención el lenguaje empleado por la judicatura en sus documentos y comunicaciones. Por ejemplo "fallar", que es emitir una sentencia -se supone que razonada- y, también, en el territorio en el que vivimos las personas y ya lejos del Olimpo do moran sus excelentísimas e ilustrísimas señorías imbuidas de divina infalibilidad, errar, equivocarse, estar en falta de algo. No sé si esto será así por una especie de sutil justicia poética brindada por la plurisemia para poner a rueda la cosa.

Sí, ya sé: haciendo reflexiones sobre el lenguaje y titulo esta entrada empleando una palabra que no existe: interpretancia... Pero es que hay fallos (jurídicos) que me dejan ojiplática no, lo siguiente. El juez Del Olmo es responsable de algunas de estas "perlas" (eufemismo que de perlas me viene).

Resulta que un caballero, con diversos antecedentes penales e historial de malos tratos, amenaza a su exesposa de muerte en repetidas ocasiones. El mismo individuo tuvo, además, el detalle de jurar por el sol al hijo tenido con ésta que la iba a ver en el cementerio, metida en caja de pino y por la tele. Y, también, la llamó zorra. Y su señoría falla que ese "zorra" califica, en realidad, la astuta condición de la señora víctima... Bueno, víctima ya no; simplemente astuta.

Antes hablé de la excelsa morada de los juristas aunque me parezca a mí que, algunos, viven realmente en las cavernas si no quebrando patas, poniendo escaso cuidado en que otros no las quiebren.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Cuarenta y nueve asesinadas en España por la violencia machista

Hace unos meses en este blog publiqué un post a propósito de la violencia doméstica. Es terrible que, en el hogar, el lugar en el que vivimos, en el que estamos sin coraza siendo quienes somos sin más, en el que convivimos con los que amamos, haya alguien que imponga la tiranía de la violencia. Es una vergüenza, una gravísima lacra social que esto suceda.

Con frecuencia me pregunto sobre las causas y, a veces, me he hecho preguntas sobre el lenguaje que empleamos para referirnos a las personas con las que mantenemos relaciones de mayor o menor calado. Así, hablamos de "mi padre", "nuestra abuela", "su prima", "vuestras vecinas", "tu jefe", "mi delegada", "su amigo", "mi marido"... todas palabras que expresan y definen un tipo de vínculo, que califican el tipo de relación que se mantiene con esa o esas personas.

Cuando una pareja de hombre y mujer decide casarse, el oficiante hace una declaración del matrimonio definiendo a los contrayentes como "marido" y "mujer". Esto me asombra, porque si a ella la declaran mujer al casarse cabría preguntarse qué (de naturaleza física o química) ha cambiado en su ser para que se obrara el prodigio de devenir mujer en la ceremonia; ¿qué era ella antes de casarse?, ¿quizá un ficus?, ¿una bolsa de deporte?




¿Qué somos? Hombres, mujeres. Esas palabras definen nuestro ser desnudo de atributos. Si él habla de ella y dice "mi mujer" -que es lo habitual en nuestro idioma- parece ejercer un acto de dominio y posesión de todo el ser de ella; no hay límites entre lo primario de la existencia y la definición de la relación un poco al modo de los tiempos del esclava te doy, versión superioridad del varón y deber de obediencia de la esposa a la que hay que quebrar la pierna y mantener atada en casa a la pata de la cama. Vale, vale: la mayor parte de los hombres no son energúmenos. Hoy, y en lo que va de año, sólo 49 de todos los maridos o exmaridos, novios o exnovios han acreditado su entidad de energúmenos al asesinar a sus mujeres (porque eran suyas, de quién sino) y me aterra pensar la de cientos de miles que viven en el infierno del maltrato o de los golpes.

martes, 22 de septiembre de 2009

De hombres y nenazas

Hace algún tiempo ya escribí por aquí algo al respecto de la violencia asociada al fútbol y al ultranacionalismo y a la falta de civismo.

No digo, por supuesto, que todos los aficionados al fútbol y / o entusiastas nacionalistas sean violentos o incívicos; sólo que, con cierta frecuencia, fútbol, ultranacionalismo, fascismo y violencia son trama y urdimbre de un mismo tejido. Leemos en los periódicos y vemos en las noticias que el presunto asesino de Carlos Palomino, por ejemplo, dice no ser para nada nazi y sí ser de derechas y apolítico (en la tercera o cuarta rectificación de sus declaraciones iniciales) y define esto como no tener ideología alguna y sentirse "patriota" o "español", entendido esto como "una persona a la que le gusta que gane la selección española" (de fúbtol). Luces, lo que se dice luces, pocas... Pero bueno... también afirma en esas declaraciones que estaba muy asustado (que tenía miedo insuperable, dice) y yo he visto el vídeo en el que prepara su arma con antelación (cálculo), la esconde (también calculando) y se la clava asesinando a su víctima en el momento que le parece mejor. Menudos nervios de acero para tener miedo insuperable.

Esto de las relaciones entre violencia y el fútbol, para otros, se resuelve de otro modo. De estos días es también la noticia del juicio contra los jugadores del Bada Bing*, equipo de Tercera Regional que la emprendió a palos contra los jugadores del Rosario Central (emigrantes en su mayoría) resultando de esto que todos los lesionados eran de este último equipo. Los honrosos (ein??) BadaBing(u)eros, preguntados por el extraño resultado deportivo (8 lesionados a 0), dicen cosas como que "en el fútbol regional es normal la violencia" y, también, que "en las peleas unos ganan y otros pierden" y, por fin que "unos somos hombres y otros nenazas". Me hubiera gustado preguntar a Valentín Moreno, uno de los players del Atlético Bada Bing y recién salido del trullo por asesinato, si lo suyo era lo de ser hombre o nenaza... pero para qué, conozco la respuesta: Yo Tarzán, tú chita.

* Bada Bing es el nombre del local de stripers (y tapadera) gestionado por la familia Soprano en la serie del mismo nombre.

martes, 8 de septiembre de 2009

La maté porque era mía

Hoy me he desayunado con la noticia de que un guardia civil de Utiel, de 39 años y deprimido a la sazón, cogió su arma reglamentaria y presuntamente asesinó con ella a su esposa. La víctima número 40 en lo que va de año. Y en lo que va de año y en años anteriores, es frecuente que el asesino, trastornado, deprimido, furioso o lo que sea, primero mate a su víctima y, después, intente quitarse la vida. Cuando el asunto luce de esta guisa, me pregunto por qué este tipo de asesinos dispuestos al sacrificio un poco kamikaze no invierten el orden en lo de matar: primero el suicidio y luego, el asesinato de la esposa, amante, novia, ex o del parentesco que fuera o fuese... total, si es para morir... No sé. La cuestión es que no es ese el orden elegido y que van certeros en lo de matar a la otra y, por lo general, les tiembla el pulso cuando se quieren cortar las venas y se equivocan y cortan el cable del teléfono.
¿Por qué asesina uno de estos individuos a la mujer con la que le une o ha unido algún vínculo amoroso? Quizá porque la considera suya, propia, sin opiniones o criterios que puedan diferir de los suyos, sujeta a sus deseos y designios, sin otro sol en el horizonte que él mismo, objeto único de su atención y cuidados y, además, no le gusta que a los toros se ponga la minifalda; ahora que lo pienso, puede que entre estos asesinos haya muchos bebés resentidos que han crecido tanto como el resto de los adultos, que tienen, incluso, sus gónadas comme il faut y hasta pelos en la piernas, sin haber superado la pérdida del trono de rey de la casa y del corazón de mami, condición que quieren restaurar a toda costa e incluso por encima del cadáver de su señora. Gugú, pampam.
En una conversación reciente con una mujer ultraconservadora, sensible a las noticas en las que se cuenta la historia de mujeres subyugadas por la violencia de su particular tron y asesinadas, ésta hablaba de las bondades del franquismo. Entre otras cosas, decía que con Franco no había crímenes de este tipo. Sin disponer de información basada en hechos sobre el asunto, lo único que puedo hacer es opinar al respecto. Mi opinión es que no me lo creo. En el pasado, este tipo de delitos se calificaban como crime passionnel (en francés, que es más fino) y constituían una defensa válida en casos de asesinato. Un par de añitos al trullo para el asesino mientras que la esposa terminaba muerta. La maté porque era mía, oiga. Y hablando de crímenes pasionales, recordemos que "El crimen pasional es uno de los pocos números eróticos realmente originales que España puede ofrecerle al mundo, pues en variedades sexuales los españoles hemos inventado casi nada, toda la raza de las asesinadas, estirpe pálida y morada, legión fantasmal y nocturna, anda por ahí, de un lado para otro y de vez en cuando cae una, floreciendo de sangre su camisa de dormir" (Franciso Umbral dixit, Madrid, espejo de España, 1974 pg 55). Sniff.
Por cierto, y como las imágenes valen mucho más que las palabras, un par de anuncios de cuando era pequeñita que nunca borré de la memoria:




Vamos, que le dio un par de sopapos por ser más simple que el asa de un cubo, la muy burra pues ya se sabe que soberano es cosa de hombres y pomporrutas imperiales y tal y tal, que viene a ser la misma cosa. País viejuno.